“Ay, qué sueño” es una versión muy libre de Peter Yde del cuento clásico “la bella durmiente” , de autor desconocido y recopilado por los Hermanos Grimm. Está enfocada fundamentalmente para niños entre 6 y 12 años.
El rey y la reina están muy tristes. ¿Por qué están tan tristes? Pues, el rey ya es un poco viejecito, la reina ya no es tan jovencita y ¡no tienen a ningún príncipe para llevar adelante el reino cuando llegue ese momento.
Un día, un sapito, sentadito en un paño en el baño, cuenta a la reina que tendrá a un niñito dentro de tan sólo un año. Al cumplirse el año nace... ¡¡¡una preciosísima niña!!! Superado el primer disgusto, el acontecimiento se celebra con fiesta por todo el lo alto: faisán con patatas azucaradas y nueces, el plato preferido del rey, la asistencia de todos los altos cargos y mandatarios del reino y otros muchos países. Invitan también a las doce hadas del bosque que obsequia a la princesas con todas las buenas cualidades posibles y... ¡ay! En realidad, hay trece hadas en el bosque pero el número trece da mala suerte, una vieja creencia, por lo que se ignora. La décimo tercera hada se enoja de tal manera que lanza una maldición sobre la princesa: “Cuando cumplas quince años comerás un plato de faisán con patatas azucaradas y nueces y morirás. Ja ja ja ja ja.” Muy mal asunto. Falta aún un hada que modifica la maldición: “Caerás en un largo y profundo sueño que durará 100 años.” Lo cual, evidentemente, también es una desgracia.
Durante estos cien años, todo el reino se queda dormido, el jardín del palacio se convierte en una jungla y príncipes de todo el mundo intentan cumplir con la imposible misión de despertar a la princesa. Se cumplen los cien años y llega... ¡el príncipe azul! quien despierta a la princesa y a todo el reino. No por azul, no no, sino por porque le toca. Se han cumplido los cien años y el primero que llegue se lleva el botín y la casualidad ha querido que sea un príncipe de color azul quien, por cierto, se casa muy gustosamente con la princesa, con fiesta por todo alto y ¡faisán con patatas azucaradas y nueces!
La música, original de Peter Yde, está compuesta digitalmente en términos palaciegos con la utilización de violín, viola, violonchelo, oboe, trompa, coro y percusión. Las voces originales son: tenor, barítono y bajo. A lo largo de toda la obra hay guiños continuos al genio, cuyo 250 aniversario se cumple este año: Wolfgang Amadeus Mozart.
El efecto buscado para el tema principal de la obra es provocar, sino el sueño, por lo menos el bostezo. |