Se trata de una versión muy libre del cuento recopilado por los hermanos Grimm, “el enano Rumpelstilzchen” o “el enano saltarín”:
un molinero humilde y muy mentiroso tiene una hija hermosa y cantarina. El rey, amante de las “cosas bonitas”, (el canto, el oro, etc...) llama al molinero para que le hable de su hija. El molinero le cuenta que su hija, además de muy guapa, toca el arpa como nadie, canta mejor que los pájaros y que, como colmo, las notas que salen por su boca se convierten en oro. El rey quiere ver a la niña y la obliga, encerrada en la oscura torre del palacio, a cantar notas de oro. La pobre, desesperada, recibe la ayuda de la luna, en un principio, y después de un monstruo de dos cabezas a cambio de alguna humilde joya y otras cosas, no siempre al alcance de la pobrecita. Poco a poco, el rey se enamora de la criatura y se casa con ella. Pero ocurre que la, ahora, reina no ha cumplido con el monstruo y éste monta unos cuantos numeritos en el palacio. Numeritos con manifestaciones musicales.
Éste es el espectáculo más musical de todos los espectáculos musicales de Pequeño Sastre. La orquestación va alternando simbólicamente entre vientos de metal, clarinetes, cuerdas y, por su puesto, arpa. La voz (en play back) de la luna y la hija del molinero es interpretada por Paz Carrasco, soprano de carrera, dando así énfasis al canto como máxima expresión de la obra. Todas las demás voces, bajo, barítono, y contralto (en play back) y tenor (en directo) son interpretadas por Peter Yde. En varias escenas, se aprecia una clara tendencia operística, tanto por la composición musical como por la interpretación vocal. En un momento de máxima ternura hacia el niño recién nacido, todos: la familia real, la servidumbre, los seres sobrenaturales y los ciudadanos (el público) entonan la vieja canción que todos cantábamos en nuestra infancia: “estaba el señor Don Gato...” con un arreglo musical muy movido. |